Ella no
faltó a la cita, como cada doce horas estuvo a tiempo. Yo caminaba, pensaba,
por esta calle no porque fijo esos manes me roban. Fue la mejor decisión que
tomé, porque cuando llegué a la casa y encendí la radio escuché que hubo un
homicidio en aquella calle; al parecer un intento de hurto que fue más allá. En
ese momento estuve en shock, pues hacía una hora que había decidido no atravesar el lugar de los
hechos. Fue entonces cuando se me vinieron a la cabeza las cosas que sucedieron en el camino.
Mientras caminaba, cerca al mercado de la
Avenida 50, estaba una señora con un niño dormido , un bebé para ser preciso ,
ella me pidió una moneda que no quise darle aunque la tenía justo en la mano,
lo que me hizo meritorio de unas cuantas miradas no muy amigables; no me
importó , ya sabía que esa señora tenía un apartamento en una de las urbanizaciones
más ostentosas de la ciudad , y lo que me da más putería es que el niño estaba dormido porque ella le
había dado de beber del vodka que escondía en su talega, había emborrachado a
su bebé. Lo sé porque mi abuela me había hablado de un caso similar.
Ese feo
recuerdo se fue tan rápido como vino, seguí enfocado en el camino a casa. Cinco
calles más adelante tomé el bus, la línea 2, la que va por el centro. Allí,
recuerdo que estaba muy congestionado, tanto que era más la gente de pie que
quienes estaban en un asiento, entre las
personas paradas había una religiosa que se veía hacía años había vivido sus
días de gloria. Al llegar a la siguiente estación una silla quedó libre, pensé
que era la oportunidad perfecta para que la hermana se sentara, pero una fea
imagen se interpuso entre mi deseo y la realidad, un niñito de no más de 17
años había ocupado la silla, incluso viendo a la señora en frente a él. Mi comentario no se hizo esperar “Bien pueda
joven, seguramente usted está más cansado que la hermana” dije en tono
sarcástico. Para ese hecho las miradas no fueron mejores que las que me habían
hecho anteriormente, segundos después entendí el porqué, al parecer fui el
único idiota que no se percató de que el joven tenía dificultad para
movilizarse. Al notarlo me puse de todos los colores, y no pude hacer más que
agachar la cabeza y escuchar cómo me decían un par de palabras , el tipo de
palabras que mi mamá no estaría orgullosa de que yo dijera, afortunadamente la
próxima parada era mi destino.
Tan pronto
como terminé mi recuerdo hubo un anuncio en la radio, el cadáver había sido identificado como Juan
de la Cruz. Al parecer el sujeto era un reconocido maestro de la ciudad, que
esa noche decidió caminar para apoyar la iniciativa del día sin carro propuesta
por el alcalde, sin saber que eso le significaría la muerte. A pesar de que seguía
consternado por el incidente, más por lo que significaba el haber transitado
por la zona minutos antes, pensé ¿Y es
que esos profesores no leen la ciudad?
